La mayoría de las empresas de logística conoce su margen global hasta el decimal. Muy pocas pueden decir qué rutas lo generan y cuáles lo destruyen en silencio.

Los ingresos por ruta son fáciles de obtener. El beneficio real por ruta no lo es, porque el coste de servir una ruta se reparte entre combustible, mano de obra, depreciación de vehículos, manipulación en almacén, devoluciones, entregas fallidas y la cola administrativa de cada envío. Promedie esos costes en toda la flota y todas las rutas parecen iguales. No lo son.

Por Qué el Coste Promedio Esconde las Rutas Deficitarias

El enfoque habitual asigna el coste por kilómetro o por envío usando una tasa promedio. Una ruta con camiones llenos por autopista de noche recibe la misma tasa que otra que se arrastra por centros urbanos con furgonetas medio vacías y un 20% de entregas fallidas. La primera subsidia a la segunda, y el margen promedio parece sano mientras rutas concretas sangran.

Es el clásico problema de la curva de la ballena aplicado al transporte: una minoría de rutas genera la mayor parte del beneficio, una amplia franja intermedia queda en cero, y una cola de rutas destruye valor. No se ve la cola hasta que se costea cada ruta por lo que realmente consume.

La Visión de Coste de Servir de una Ruta

El Coste Basado en Actividades por Tiempo (TDABC) construye el coste real de una ruta a partir de las actividades que desencadena, no a partir de un promedio. En logística, las actividades que generan coste suelen incluir:

Costee cada una de estas por el tiempo que tarda y por la tasa de coste de capacidad del recurso que la ejecuta, y aparece el beneficio real de la ruta. Rutas que parecían idénticas sobre una base por kilómetro se separan por cientos de euros por viaje.

Lo Que el Análisis Suele Revelar

Cuando los operadores logísticos realizan por primera vez un análisis de coste de servir adecuado, se repiten tres patrones:

Las rutas urbanas de baja densidad suelen ser deficitarias. Muchas paradas cortas, tasas altas de entregas fallidas y tiempo de conducción lento se acumulan frente a un ingreso modesto por paquete. La ruta parece ocupada y productiva, pero el coste por entrega es muy superior al que el promedio sugiere.

Unas pocas rutas de grandes cuentas sostienen la red. Cargas completas, ventanas de entrega fijas y manipulación predecible las hacen baratas de servir. Subsidian todo lo demás, lo que las vuelve peligrosas de perder y dignas de protección en las negociaciones de precio.

Las rutas con muchas devoluciones erosionan el margen en silencio. Las rutas de comercio electrónico con tasas de devolución altas pueden parecer rentables en el tramo de salida y perder dinero una vez costeada la logística inversa.

De la Visión a la Acción

Saber qué rutas pierden dinero solo es útil si cambia una decisión. Las acciones típicas tras un análisis de rentabilidad a nivel de ruta son:

Ninguna de estas decisiones es segura de tomar por intuición. Cada una necesita una cifra de coste a nivel de ruta que se pueda defender ante un cliente o un consejo.

No Necesita Datos Perfectos para Empezar

Los operadores suelen suponer que necesitan una renovación telemática completa antes de poder hacer esto. No la necesitan. Un primer modelo puede construirse a partir de los horarios de ruta existentes, los recuentos de entregas, los registros de entregas fallidas y las estimaciones de tiempo de los responsables de operaciones. No será perfecto, pero será lo bastante preciso para separar las rutas rentables de las deficitarias, que es donde está el valor.

Vea qué rutas son realmente rentables.

Un ProfitAudit 360 construye un modelo de coste de servir a nivel de ruta en semanas, no meses, y el Diagnóstico de Rentabilidad le muestra primero dónde están sus brechas de visibilidad de costes.

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