Coste por resultado: el número que debería sustituir al ratio de indirectos.
El coste por resultado es el coste total de las actividades que producen una unidad de resultado real, una persona alojada, un alumno apoyado, una comida entregada. Incluye la parte del coste indirecto que genuinamente posibilitó ese resultado, porque la capacidad no es desperdicio. Construido con honestidad, es el número más útil que una non-profit puede tener, y la alternativa honesta a ser juzgada por los indirectos.
En resumen
El coste por resultado sigue el coste total a través de las actividades hasta una unidad de resultado de la misión. Usa la misma lógica por actividades que el coste de servir, aplicada a resultados en lugar de pedidos. Con él, una non-profit puede comparar programas con justicia, ver dónde cada euro hace más bien, y mostrar a los financiadores el coste real del resultado que quieren.
Ilustrativo.
El ratio de indirectos hace la pregunta equivocada. Mide la división entre programa y soporte, como si el soporte fuera fuga. El coste por resultado hace la correcta: cuánto costó de hecho producir un resultado real. Responderla significa hacer lo que cualquier modelo de coste maduro hace, seguir los recursos a través de las actividades que los consumen hasta aquello que producen. Para una non-profit, aquello que se produce es un resultado, y las actividades detrás de él incluyen casi siempre parte de lo que el ratio de indirectos descartaría: el coordinador que hizo funcionar el programa, el sistema que dio seguimiento a los beneficiarios, la formación que mantuvo alta la calidad. Esos costes pertenecen al resultado, porque sin ellos el resultado no existiría.
Cuando los resultados cargan su coste total, la comparación se vuelve honesta. Dos programas que parecen similares en un ratio de indirectos pueden diferir enormemente en el coste por resultado, y la diferencia apunta a dónde la capacidad se usa bien y dónde no. Es la curva de la ballena en versión non-profit: algunos programas o sitios entregando la mayor parte del impacto por euro, otros consumiendo recursos discretamente para poco resultado. La respuesta nunca es simplemente cortar; es comprender por qué, y dirigir financiación y diseño hacia donde hacen más bien.
- Comparar dos programas o sitios por resultado por euro, con justicia, y no por ratio de indirectos.
- Incluir en el coste de un resultado la capacidad que genuinamente lo posibilitó.
- Mostrar a un financiador el coste real del resultado que quiere apoyar.
- Ver qué servicios entregan más misión por euro, y dónde crecer.
- Sustituir una conversación defensiva sobre indirectos por una honesta sobre el coste de entregar.
Una ilustración
Un ejemplo anónimo. Una institución de educación reporta el coste por alumno usando solo el gasto directo de programa, lo que la hace parecer notablemente eficiente. Cuando se construye el coste total por actividades, incluyendo la coordinación, el seguimiento y el trabajo de datos que de hecho generan resultados, el coste por resultado exitoso es más alto pero real, y varía mucho entre grupos. Los grupos con más apoyo cuestan más por alumno y producen resultados mucho mejores, por lo que su verdadero coste por resultado es más bajo. El número ingenuo premiaba la inanición; el número total premiaba lo que funcionaba. Cifras ilustrativas; el encuadre sigue investigación publicada sobre coste total.
El coste por resultado es la base; la financiación de coste total es lo que se hace con él. Cuando puede indicar el coste real de un resultado, puede defender ante los financiadores lo que la entrega de hecho exige, y romper el ciclo de inanición desde dentro.
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