Costo real por estudiante y por programa
La matrícula suele compararse con el costo de enseñar: el docente, las horas de contacto, el costo directo de dictar un curso. Pero el docente es la parte barata. La biblioteca que el estudiante usa, el laboratorio que reserva, las instalaciones que ocupa, los servicios que consulta, el proceso de admisión que lo inscribió y la administración central que sostiene todo eso los consume cada estudiante y no se le cobra a ninguno. El costo real por estudiante carga todo ello, y el número que devuelve rara vez es aquel contra el que se fijó la matrícula.
El costo real por estudiante es la enseñanza directa más las instalaciones, biblioteca, TI, servicios al estudiante, admisiones y administración central que cada estudiante consume de verdad. En un análogo ilustrativo de una universidad pública, el costo total por estudiante de un departamento fue varias veces su costo directo de enseñanza, y un comedor de campus que parecía rentable arrojaba un déficit real una vez costeado por completo. La investigación del sector muestra que el costeo tradicional distorsiona el costo entre 30 y 46 por ciento, y los estudios hallan que la capacidad práctica es solo 80 a 85 por ciento de la teórica. El TDABC asigna el costo compartido por programa, curso y estudiante, y así el subsidio cruzado se hace visible.
La matrícula cubre la enseñanza. La enseñanza es una fracción del costo
Cuando un programa se juzga por la matrícula contra el costo directo de enseñanza, puede parecer cómodamente autofinanciado mientras corre en silencio un déficit. La razón es que el costo directo, el docente y las horas de contacto, es la parte pequeña y visible, y todo lo que hace cara a una universidad queda fuera: los servicios compartidos y las funciones centrales que cada estudiante consume y por los que ningún programa paga.
Una vista de costo directo no subestima el costo apenas un poco; en el análogo ilustrativo lo subestimaba varias veces. Las decisiones tomadas sobre esa vista, qué programas crecer, cuáles recortar, cuánto cobrar, se toman contra un número equivocado por un múltiplo. Cuatro bloques de costo compartido explican la brecha:
- Instalaciones y espacio. Aulas, laboratorios y edificios cargan un costo de capacidad estén llenos o vacíos. La capacidad práctica es 80 a 85 por ciento de la teórica, y la porción vacía rara vez se costea.
- Biblioteca, TI y apoyo al aprendizaje. Cada estudiante recurre a infraestructura compartida. Consumida por todos y cobrada a ninguno, es buena parte de la brecha entre costo directo y costo real.
- Servicios al estudiante y administración. Orientación, bienestar, registro y administración son tiempo real sobre recursos reales, que varía por programa y cohorte, invisible en una vista de costo directo.
- Admisiones y administración central. Reclutar e inscribir a un estudiante es un costo, y también lo es la función central que sostiene a toda la institución. Ambos pertenecen al costo real por estudiante.
El costo sigue al estudiante, servicio a servicio
El costo de un estudiante se construye con lo que consume: enseñanza directa, las horas de instalaciones y espacio que ocupa, la biblioteca, TI y apoyo al aprendizaje que utiliza, el tiempo de servicios y administración que toma, el costo de admisión que lo inscribió y una porción de administración central por actividad consumida. Multiplique por la tasa de costo de capacidad de cada recurso y el costo real aterriza en el programa y el estudiante que lo generaron.
Costo por estudiante = costo directo de enseñanza + instalaciones y espacio (horas x tasa de costo de capacidad) + consumo de biblioteca, TI y apoyo al aprendizaje + tiempo de servicios y administración por estudiante + costo de admisión e inscripción + porción de administración central por actividad consumida. Estructura ilustrativa, no un valor de referencia medido. Todo lo que está debajo de la enseñanza directa es el costo compartido que convierte un programa autofinanciado en uno subsidiado de forma cruzada.
El subsidio cruzado, vuelto deliberado
El subsidio cruzado entre programas no está mal; una universidad bien puede optar por financiar un programa estratégico con el excedente de uno popular. Lo que está mal es hacerlo a ciegas. Sin una vista plenamente costeada, la dirección no puede ver qué programas generan el excedente y cuáles lo consumen, así que el subsidio es accidental y las decisiones de recursos son conjeturas.
En el análogo ilustrativo, el costeo completo convirtió un comedor de apariencia rentable en un déficit medido, y el costo por estudiante de un departamento en varias veces su costo directo, hechos que cambiaron la decisión. La curva de la ballena transversal, trazada sobre el excedente real por programa, mapea quién financia a quién en toda la cartera, de modo que la dirección elige sus subsidios cruzados de forma deliberada en lugar de descubrirlos por accidente. Ver también el método TDABC y la plataforma CostCtrl.
Preguntas frecuentes
- ¿Cómo se mide el costo real por estudiante?
- Se carga la enseñanza directa más las instalaciones, biblioteca, TI, servicios al estudiante, admisiones y administración central que cada estudiante consume, usando ecuaciones de tiempo. En un análogo ilustrativo, el costo total por estudiante de un departamento fue varias veces su costo directo de enseñanza.
- ¿Qué es el subsidio cruzado entre programas?
- Algunos programas generan un excedente que financia a otros en déficit. Una vista plenamente costeada por programa lo hace visible, de modo que las decisiones de recursos sean deliberadas y no a ciegas.
- ¿Por qué cuestan tanto los servicios de apoyo?
- Porque cada programa los consume y a ninguno se le cobra. Biblioteca, TI, instalaciones, admisiones y administración son costos de capacidad reales que una vista de costo directo deja fuera por completo.
- ¿Qué distorsión introduce el costeo tradicional?
- La investigación del sector muestra que el costeo tradicional distorsiona el costo entre 30 y 46 por ciento, y que la capacidad práctica es solo 80 a 85 por ciento de la teórica. El TDABC corrige ambas cosas asignando capacidad y actividad por programa, curso y estudiante.
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